Francia-España: ¿quién está en recesión?

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Et l´Espagne n´a pas forcé. Le Monde, 4 Abril 2010.

La de Saint-Dennis de ayer era una cita con carácter de prueba.

Objetivamente, el subconsciente de cada uno de nosotros marcaba la superioridad del equipo español.

Todos intuíamos que España iba a comerse a Francia. Pero nadie lo decía abiertamente.

El porqué de esa falsa prudencia puede explicarse por otro rasgo que define el subconsciente medio hispano: el complejo de inferioridad frente al vecino francés de antaño. Y el consciente. Incluso el inconsciente.

Quizás hemos de remontarnos al Motín de Aranjuez para describir un acto épico como el de ayer. Pero incluso la expulsión de los franceses de la Península se jugó en casa. Y lo de ayer fue en Saint Dennis.

Ayer se demostró que las cosas, los tiempos, y los tempos, han cambiado. La mirada tímida al vecino ha pasado del plano contrapicado al picado.

Hasta la prensa francesa se rinde a la superioridad de La Roja y centra sus críticas a Domenech y Henry (¿dónde están las calificaciones de ratas de alcantarilla refiriéndose a los jugadores españoles en Roland Garrós o que Europa comienza a partir de los Pirineos?). Hasta eso ha cambiado.

Señores, tal y como indicaba L´Equipe, y sin forzar. No debe hacerse leña del árbol caído; simplemente se trata de una cuestión de jerarquía futbolística.

Los aficionados parisinos, pese a la derrota de les bleus, no perdieron el tiempo ayer. El material didáctico que legó sobre el campo la Selección española es perfectamente válido como descripción, protocolo y praxis futbolística. España se encuentra, al fin, en la punta del iceberg balompédico.

Francia, en cambio se encuentra en plena recesión futbolística. Los mercados bursátiles han amanecido acongojados tras la inseguridad transmitida ayer por los galos.

Invertir en una selección con una sola ocasión clara, la de Malouda al poste, y con una clasificación fraguada a golpe de mano de Henry otorgan poco crédito al ente francés.

Cualquier tiempo pasado fue mejor, mes amis.

Y eso que España no forzó la máquina, ayer.

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