
Existe el amor eterno…
Simeone: “En cada centímetro, milímetro y metro del campo jugamos con el corazón de todos ustedes”.
Les voy a contar un secreto.
En un ejercicio de sinceridad absoluta he de confesarles que al principio, en los primeros días de Diego Pablo Simeone como técnico del Atlético de Madrid, un mar de dudas se alojaron inmediatamente en mi cabeza.
¿Tendrá la suficiente experiencia para manejar un vestuario tan convulso e inestable como el rojiblanco? ¿Será capaz de revertir la histórica situación que ha hecho de los atléticos los “pupas” de España? ¿Volveré a sentirme orgulloso de mi amado equipo colchonero?
Así, con la angustia generada por el abismo del devenir más próximo decidí acudir a las instalaciones del Cerro del Espino – ciudad deportiva de los madrileños – para presenciar en primera persona los primeros pasos del nuevo proyecto Atlético.
Una voz firme y un mensaje potente aplacaron para siempre, todos mis miedos y temores: “¡Intensidad carajo! ¡Intensidad…!” rezaba el argentino a sus nuevos pupilos.
Y así, arengados por las proclamas de su técnico, los jugadores colchoneros, luchaban y peleaban cada balón como si fuera el último de sus vidas y corrían de un lado para el otro como alma que posee el diablo.
Con semejante despliegue físico la recompensa debía llegar en forma de resultados…
Pues bien, un año después he acabado enamorado y maravillado por el juego de los indios del Manzanares.
Como si de una novela de pasión y querer se tratara el flechazo tuvo lugar en Bucarest, (Atlético de Madrid 3 – 0 Athletic Club) los ojos de Mónaco vieron como todos los atléticos volvíamos a jurar amor eterno a las rayas rojiblancas (Chelsea 1 – 4 Atlético de Madrid) y el Santiago Bernabéu será próximo testigo de que este amor perdurará para toda la eternidad.
El Atlético de Madrid ha dejado de ser el pupas para convertirse en un equipo de corazón.
César Labrandero.