

Homenaje a Tito Vilanova…
Instantes después de que Iglesias Villanueva – colegiado encargado de dirigir el choque que enfrentaba anoche a periquitos 1 : 1 merengues – decretara el final del encuentro el estruendo unánime de una arenga recorría imparable todos los recovecos de la ciudad catalana:
¡Barça, Barça, Baaaaaarça!
Y así hasta un total de veintidós veces hemos escuchado jalear – por estas alturas de calendario – a millones de aficionados la proclama que acreditaba al FC Barcelona como campeón de la mejor Liga del mundo.
¿Por qué todos los culés abogaban por la consecución del título Liguero?.
El triunfo en la Liga determina el líder de la regularidad, recompensa el trabajo diario y otorga a toda la plantilla azulgrana el cetro de los mejores.
Como entonces hiciera en su momento con Guardiola cuando se coronara campeón de campeones, hoy el destinatario de todos mis homenajes tiene nombre y apellidos: Tito Vilanova.
Y es que, a estas alturas de partido ya nadie puede dudar del excelente profesional que se esconde detrás de la figura del estratega catalán.
Entiendo que el famoso 7-0 sufrido ante el Bayern Múnich en Champions League sea una losa que el técnico catalán deba soportar sobre sus espaldas mientras vista de azulgrana y comprendo que la eliminación en Semifinales de Copa ante el Real Madrid fuera un golpe directo al ego del socio culé por la superioridad balompédica que demostraron en aquel partido los chicos de Mourinho.
Sin embargo, ¿alguien puede negar a este equipo su casi perfecta primera vuelta; los 105 goles que llevan hasta el momento y la posibilidad real de pertenecer al selecto club de los 100 puntos?
Vilanova ha sabido brillar con luz propia en territorio de sombras y siluetas que ensalzaban la figura de Pep Guardiola y ha conseguido plasmar sobre el campo sus ideas balompédicas dotando al equipo de su propia esencia.
Pero al margen de disposiciones tácticas, elección de sistemas de juego o cualquier otro aspecto relacionado con lo estrictamente futbolístico, en mi opinión, la verdadera hazaña de Vilanova ha sido saber alimentar hasta límites insospechados la voracidad de unos jugadores, que lo habían ganado absolutamente todo.
Porque no es fácil incitar a un grupo de futbolistas para que sigan peleando, luchando y corriendo detrás de unos objetivos, títulos y demás galardones que la mayoría de ellos ya tienen repetidos en las vitrinas de sus casas.
El conformismo es para los mediocres.
Tito Vilanova lo sabe y ha sido capaz de transmitir esta misma idea a todos y cuantos profesionales de este deporte han pasado por las dependencias del FC Barcelona.
Así, sin más rodeos ni mayor dilación, grito con especial entusiasmo y total devoción: ¡¡FELICIDADES CAMPEÓN!!
César Labrandero