FC Barcelona 3 – 1 AC Milán: La leyenda de El Cid Campeador
Messi, el mentalista
por César Labrandero
Los focos, cámaras, y claquetas de todo el mundo estaban dirigidas hacia la capital catalana.
Un Camp Nou entregado hacia la causa de estar en la próxima ronda de Octavos de Final quería demostrar que, en las grandes citas europeas, son ese jugador número 12 que desde el club tanto se reclama.
Daba comienzo el encuentro con el mismo bloque italiano que disputara el encuentro de ida en San Siro pero con una modificación táctica muy importante.
Retrasaron líneas y trataron de reducir a la mínima expresión todos los espacios circundantes sobre el terreno de juego para dificultar la circulación de balón del conjunto catalán.
Con los italianos bien pertrechados bajo murallas era el momento para clamar a los cielos un rayo de esperanza que guiara el rumbo a los nuestros.
Deseo concedido.
Leo Messi se vistió ayer de Cid Campeador, un caballero castellano que con su mera presencia en el campo de batalla amedrentaba ejércitos enteros y hacía saltar el júbilo de los suyos hasta el séptimo cielo.
Son innumerables las acciones prodigiosas del pequeño argentino que todos tenemos grabadas en la retina.
En cada encuentro que disputa somos testigos directos de un regate, un control, una conducción, un dribling o un gol que, en piernas de otro futbolista, serían totalmente imposibles.
Ayer, contra los italianos del Milán, Messi añadió otro registro a su amplio abanico de habilidades balompédicas…
¡Hipnosis y mentalismo!
Aún no gozando Messi de un estado óptimo de forma física la presencia del mesías argentino en el terreno de juego generó un doble efecto en el devenir del encuentro: Otorgó alas de confianza a los suyos y condenó a los milanistas con el pesado lastre del pavor y el miedo.
Así, con estados de ánimo bien diferenciados, era cuestión de tiempo que el tridente Alexis – Messi – Neymar encontrara una pequeña ranura por la cual poder destruir la muralla defensiva que los italianos habían construido al borde de sus dominios.
Finalmente la gloria cayó en los pies del argentino que con dos goles ahuyentó para siempre los fantasmas de la crítica sensacionalista y clasificó al FC Barcelona para disputar los Octavos de Final de la Liga de Campeones.
César Labrandero.

