Distinto proceder, idéntica conclusión: ¡ESPAÑA A LA FINAL!
El orden de los factores no altera el producto…
Los diarios deportivos de todo el mundo ensalzan la gesta lograda por la selección española habiendo alcanzado una nueva final, la cuarta consecutiva en cuatro años: Eurocopa – Mundial – Eurocopa – Confederaciones.
Una reflexión que me lleva irremediablemente a plantearles la siguiente cuestión:
¿Somos la mejor selección, de fútbol, de todos los tiempos?
A lo largo de la historia han habido grandes equipos; quién no recuerda por ejemplo aquella “Naranja Mecánica” impulsora y promotora de lo que hoy conocemos por “Fútbol Total”; la Alemania de Franz Beckenbauer y Gerd Muller o aquel Brasil comandado y dirigido por un jovencísimo Pelé que conquistó 3 copas del mundo ¿?
Afirmar con total rotundidad esta supremacía deportiva sería, cuanto menos, pretencioso por nuestra parte, ya que a lo largo de los tiempos, el fútbol ha cambiado mucho y no se pueden comparar dos equipos en momentos históricamente diferentes.
De lo que no hay duda es que, si no el mejor, estamos ante una de las mejores selecciones.
¡Amigos!
Disfruten del momento porque estamos viviendo en primera persona un hito que pasará a los anales de la historia con letras doradas.
¿Por qué sufrimos tanto ante Italia?
La disposición táctica que dispuso Prandeli fue sencillamente extraordinaria en lo que se refiere a destruir y anular el juego asociativo de los nuestros.
Me explico.
El preparador italiano apostó por un 5-4-1 con dos laterales – Maggio y Giaccherini – de largo recorrido capaces de situarse en posiciones del centro del campo – cuando el juego se desarrollaba en la medular – aptos para aportar soluciones ofensivas – doblando a sus parejas de extremos – y, por último – demostrando una excelsa capacidad defensiva –.
A la alineación táctica de los italianos cabe sumarle otro aspecto muy importante que nos permita entender la imposibilidad de España para desarrollar su habitual fútbol asociativo.
La zaga – los medios y el delantero azzurro situaron sus líneas en apenas 30 metros de distancia lo cual hacía casi imposible la circulación de balón puesto que, detrás de cada línea de pase, se encontraba un italiano para robar y contragolpear.
No me gustaría terminar este post sin dedicar primero unas palabras de elogio a un santo que viste los colores de España y que, para más señas, ocupa la portería de La Roja.
Llegaba la tanda de los penaltys y consigo los focos de todo el mundo apuntaban unidireccionalmente a los inminentes protagonistas del desenlace final: Iker Casillas vs. Gianluigi Buffon.
Séptima pena máxima para los italianos, era el turno para Bonucci que, tras tomar cuatro pasos de carrera, mandaba el esférico por encima de la portería y Manu Carreño, comentarista de Mediaset España, dejaba una frase para el recuerdo: “Lo mandó a la grada Bonucci, lo desvió con la mirada Casillas”
A día de hoy no conozco a ningún jugador que posea, entre sus habilidades deportivas, el recurso telequinésico – capacidad para mover objetos o modificarlos utilizando la energía de la mente sin entrar en contacto físico en momento alguno–.
Sin embargo, ¿saben una cosa amigos?
Manu Carreño tenía razón porque mientras que para unos hay porteros con mejores capacidades terrenales para otros, El Santo, goza de habilidades divinas.
César Labrandero.

