Costa Rica 2 – 2 España: Predicadores en el desierto…

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Reflexionemos

por César Labrandero

No se puede ser más papistas que el Papa, ni pretender difundir la palabra en pleno desierto con la intención de buscar adeptos, porque lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible…

…¡Hay ocasiones en las que no se puede jugar la pelotita!

¿Recuerdan la previa?

Aposté por un adversario que impondría una línea defensiva poblada de hasta cinco jugadores apoyados por dos centrocampistas de perfil destructivo que tratarían de evitar por todos los medios el juego asociativo y de toque de los nuestros.

En el plano ofensivo, dada su pobre capacidad para elaborar alguna jugada colectiva, buscarían explotar el espacio generado a la espalda de los centrales españoles con un juego rápido, directo y vertical.

En este aspecto, el referente a aquel de las transiciones rápidas, les destaqué por encima del resto un jugador: Joel Campbell.

Dicho y hecho.

Según avanzan los minutos nos adentrábamos cada vez más en un poblado y tenebroso bosque de piernas sin encontrar ninguna salida que nos guiara hacia la ansiada victoria.

Los rivales nos conocen y han aprendido como poder neutralizar nuestro talento: disciplina táctica en todas las líneas, fuerte presión sobre el poseedor del balón y finalmente transiciones defensa-ataque con el menor número de toques hasta nuestra propia portería.

Dadas las nefastas condiciones del terreno de juego y a falta de poder llevar a cabo nuestro habitual futbol, de toque y movilidad, la de ayer, era una ocasión perfecta para descubrir si verdaderamente disponemos de un plan “B”.

Un juego más directo, sin tanta elaboración y donde la disputa de segundas jugadas tiene un papel preferencial.

Visto lo visto nos quedamos con las ganas.

Finalmente recurrimos a la socorrida y siempre útil “furia española”, una alternativa que parecía defenestrada y guardada en el baúl del los recuerdos, para lograr un empate a dos, in extremis, y evitar así el sonrojo de nuestro fútbol ante los ojos del resto del mundo.

Amigos, ahora sí, reflexionemos.

César Labrandero.

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