Real Madrid 1 – 2 Atlético de Madrid: ¡SALUDEN AL CAMPEÓN!

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Nada es para siempre…

por César Labrandero

¡Grandioso partido!

No encuentro calificativos posibles que describan el maravilloso espectáculo que anoche pude vivir en el Santiago Bernabéu.

A mi derecha, los indios del Cholo tenían la oportunidad de borrar – en 90 minutos de Final – el infausto recuerdo de 14 largos años sucumbiendo ante sus hermanos de capital. Esa era la proclama que el preparador argentino había marcado a fuego en la mente de los suyos: “Alzad al cielo madrileño la Copa de Su Majestad y os ganaréis la inmortalidad”.

Por el lado contrario – con un impoluto blanco nuclear – ocupaban su esquina los vikingos madridistas inmersos en un ambiente enrarecido tras el último resbalón público, a decir verdad, por un mutismo total, de su líder José Mourinho en rueda de prensa previa a la Final.

Daba comienzo el encuentro con un Real Madrid dominador, sabedor de sus mejores capacidades técnicas y orquestados de manera extraordinaria por un genial Modric se lanzaron al ataque decididos a conseguir el último título que quedaba en liza esta temporada.

A los 14 minutos de juego Cristiano Ronaldo, emulando al mismísimo Michael Jordan, se quedó suspendido en las alturas para conectar un poderoso cabezazo que ponía el 1-0 en el luminoso del Santiago Bernabéu.

Con ventaja en la contienda, los blancos decidieron llevar a cabo esa estrategia que dominan a la perfección: Seguridad defensiva y rápidos contraataques explotando los metros que quedan a la espalda de las zagas rivales.

Sin embargo esta táctica que tantas veces ha hecho sonreír a los madridistas en mi opinión fue lo que ayer les llevó a lamerse las heridas.

Me explico.

Cediendo el control del esférico y dominio de los espacios al Atlético de Madrid hicieron que el equipo de Simeone creciera en autoconfianza para acabar viendo al otro lado del reflejo un conjunto capaz de todo, sí, de ganar al Madrid también.

No cabe otra explicación posible más que la absoluta creencia en uno mismo para que Falcao tomara la batuta de extraordinario pasador y se inventara un genial servicio a Costa para que el Brasileño batiera por bajo a Diego López.

Se llegaba al final del tiempo reglamentario con el empate reflejado en el marcador. Tocaba prórroga. Treinta minutos más de agónico sufrimiento para los futbolistas, media hora más de disfrute para el espectador.

Miranda, como rúbrica a un partido perfecto, quiso emular a leyendas colchoneras del pasado y conectó un cabezazo que acabaría besando el fondo de las mayas y haría enloquecer a los 30.000 incondicionales atléticos que se habían dado cita en el Santiago Bernabéu.

¿Saben amigos?

Estaba equivocado, a decir verdad existe algo perpetuo y que durará toda la eternidad:

TE AMO ATLETI.

César Labrandero.

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