Levante 2 – 3 Real Madrid: A falta de pan…
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…Buenas son tortas
Entiendo que en un mundo futbolístico eclipsado por el incesante tintineo del “tiki – taka”, la belleza y plasticidad de los jugones y el inmaculado verde que lucen los recintos deportivos de cinco estrellas nos hayan llevado a la mayoría de aficionados que amamos este deporte a enarbolar la bandera de la perfección.
Sin embargo, ¿saben una cosa amigos?
Como dijera en su momento el modista Adolfo Domínguez: “La arruga es bella” un eslogan aplicable en muchos ámbitos de la vida y, como no podía ser de otra manera, también en el fútbol.
Y así, a falta de la exclusividad que ofrece la excelencia, en todas sus facetas, Levante y Real Madrid nos regalaron un espectáculo apasionante, emocionante, cautivador y que, igualmente, crea afición.
Comencemos.
Joaquín Caparrós, técnico levantinista, como buen anfitrión, conocía perfectamente las mejores virtudes de sus ilustres invitados: La carrera y los espacios.
Con estas premisas, el plan parecía claro: perpetró a sus hombres en pocos metros y concedió la posesión de balón a los blancos sabiendo que los madridistas, sufren a la hora de elaborar y no son tan fieros frente a un juego posicional.
Así, sin metros ni velocidad y con un equipo local perfectamente posicionado en el terreno de juego, los merengues se tuvieron que bajar al “fango” para seguir remando y no decir adiós definitivamente al título Liguero.
Si bien es cierto que el Real Madrid no elaboró un fútbol de primer nivel – sigue adoleciendo de mismos errores desde principio de temporada – nadie podrá negar que la actitud y compromiso de los jugadores blancos fue extraordinario para ganar un partido ante un durísimo rival como el Levante en el Ciutat de Valencia.
Recuerden, los trazos de la vida se pueden dibujar de muchas maneras, con la precisión de un estilógrafo o la vistosidad de un spray graffitero.
Ni mejores ni peores, simplemente diferentes.
César Labrandero.

